FRANCISCO PEREZ VEGA.
Aunque Septiembre es el mes de la patria, no es el mes del Presidente George Bush. Un 11 de septiembre, su país sufrió el que muchos consideran, el peor ataque terrorista de la Historia y el 15 de septiembre de los corrientes, el banco Lehman Brothers, declaro la quiebra, detonando la peor crisis económica mundial, de años recientes.
Tras ganar EUA la Guerra Fría, los gastos militares disminuyeron y se canalizaron enormes cantidades de dinero a la economía civil, lo que trajo un auge económico a cientos de millones de habitantes del mundo, gracias a que se flexibilizaron las fronteras, lo que permitió un comercio nunca antes visto. Durante el auge, sin razón, las regulaciones bancarias se fueran relajando. Si antes, los bancos prestaban diez veces su capital y reservas, llegaron a prestar cuarenta y más veces.
Mientras estos, enormes, créditos llegaban a los consumidores, empresarios y gobiernos, nadie critico, por el contrario, todos alababan el proceder y los resultados, de la nueva banca, empezando por los directivos y accionistas.
A fin de cuentas los bancos son un negocio, son los intermediarios, entre ahorradores y clientes que necesitan financiamiento, por este servicio cobran un porcentaje que resulta del precio al que compran el dinero y lo venden. Los bancos no imprimen dinero, ni ponen de su bolsa. Debido a que manejan dinero ajeno y al papel que juegan en la economía, los gobiernos regulan a los bancos, si la regulación no funciona o los bancos hacen malos negocios, quiebran como cualquier otro negocio y precisan de un rescate sino se quiere que quiebren. En economía no hay trucos, ni hay engaños, tampoco, almuerzos gratis, a fin de cuentas, alguien tiene que pagar la cuenta.
Un rescate bancario que ha habido varios en el mundo, es como ir a comer a un restaurante y al pedir la cuenta, nos traen también la de la mesa de junto y cuando reclamamos, nos dicen que la tenemos que pagar o de lo contrario quiebra el restaurante y eso molesta a muchos. Hoy, muchos de los que se beneficiaron de estos créditos, truenan contra quienes se los dieron y se quejan del rescate. Sin pensar que mucho de lo que tienen, se lo deben a esos créditos. A fin de cuentas, la economía es cíclica y siempre será. Esto se sabe desde tiempos bíblicos, cuando se escribió la parábola de las vacas flacas y gordas.
La crisis que estamos viviendo, se debe a los créditos que se dieron para mantener y aumentar la producción, para mantener los empleos y el consumo, de no haberse dado esos créditos, la crisis se hubiese dando antes, aunque con menos intensidad y por menos tiempo. Después de una guerra, por lo general, viene una crisis, el fin de la Guerra Fría, no trajo crisis, trajo una bonanza, pocas veces vista, gracias a estos créditos.
A fin de cuentas un crédito, es consumo adelantado que luego se tiene que pagar, la duración de esta crisis, esta en relación al tiempo en que se pague lo consumido por adelantado. Pagar un crédito, significa abstenerse de consumir hasta saldar la cuenta. Este lapso de tiempo es lo que complica la situación por las repercusiones económicas, políticas y sociales que se pueden crear. Estas están en relación a su duración y a su profundidad.
La pregunta no es tanto la crisis, esta ya esta, sino, si esta valió la pena. Es decir; si los beneficios que trajo fueron mayores a los perjuicios o menores. No solo me refiero al ámbito de los negocios, también al científico, los conocimientos no surgen espontáneamente, cuestan y mucho. Esta respuesta la dará el tiempo y muchos ya estaremos muertos para entonces. Lo que nos dice la historia, es que la mayor parte de estos logros, se mantienen, por lo general, aunque cambian de manos.