Despidiendo el año 2010 y recibiendo el año 2011

Entre penas, alegrías, llantos y risas, se ha ido doce meses con sus cargamentos de semanas, días y una cascada de horas. En nuestro albedrío pese a la supuesta madurez que da la experiencia, acabamos por caer como cualquier inexperto, en la inercia de ver pasar el tiempo y no reparar en el porqué de los estados de ánimo que nos dieron luz y sombras.
A partir del 1° de Enero 2011, iniciaremos otro año lamentándonos de lo que no hemos logrado,  preguntándonos ¿Lograremos aquellas promesas  que no cumplimos? Y como siempre lo dejaremos todo al tiempo.

Este 31 de Diciembre habrá en el seno de las familias la evocación de los seres queridos ausentes, el silencio de aquellas voces que en los hogares ya no se escucharán, ellos también se fueron con el tiempo, como el año.
Los doce meses y los 365 días, mucho nos enseñaron, pero es muy poco lo que hemos aprendido, así como lo que nos modela, siempre empleamos aquella expresión “veremos mañana que pasa” en vez de decirnos “ahora lo vemos”, nos negamos a ver en nuestros pronósticos  esa humildad que nos pide tolerancia y comprensión, pero en cambio nos duele cuando no la hay en nuestros errores, no aprendemos de la vida lo necesario para hacer un mundo mejor, que cambie todo pero…eso sí, para nuestro bien, queremos mejor trato, queremos cambios en la sociedad, en el hogar, en el trabajo, queremos cambios, y más cambios, sentados cómodamente en la silla del rey, olvidando una de las cosas más importante, definitiva y está a nuestro alcance “el cambio debe empezar por nosotros mismos”.

Hoy abrimos nuestros corazones con el ánimo predispuesto de alegría, felices los hogares donde las mesas son puestas con entusiasmo, sin importar la riqueza, o la sencillez de las mismas, algo muy íntimo nos dice que la razón de esa alegría es el sentir más profundo del calor de hogar.
Hoy trataremos de elevar nuestras copas y escuchar el sonido del cristal, es el ambiente de la despedida al cargamento que nos trajo y nos deja el año 2010, y muy ingrato sería recordar solamente  las penas y no valorar los días de sueños, ilusiones, alegrías, lo bueno y lo malo, muy pronto serán olvidados  los rencores y penas con el burbujear de la sidra, entre abrazos, besos y buenos deseos, solo diremos; ¡FELIZ AÑO NUEVO! Dando lo que nos dio el año viejo.

Como corolario os diré; Aunque el tiempo no dé marcha atrás y así ni poder degustar los mejores momentos de gloria y esplendor, no importa, si  esos recuerdos los guardas en el mejor de tus cofres como tesoros que la vida te regaló.

Felicidades Monxu.