¿QUIERES QUE ME CALLE?.
Sara C Hervis.
¿Quieres que me calle el dolor
del mendigo que en la calle
mendiga un poco de amor
o un pan porque tiene hambre?
¿Quieres que siga callando
al niño que está hambriento
y sus manitas implorando
un pan una tortilla
y eres sordo a su lamento?
¿Tú quieres que yo me calle
la angustia de una madre
que sola cría a sus hijos
que los abandona un padre?
¡No! ¡No he de callar jamás
y seguiré gritando y gritando
y si Cristo me quiere escuchar
Cristo acabará llorando!
R E F L E X I O N E M O S .
Cuando un buen amigo mío me dio esta poesía escrita por la gran poetisa veracruzana, sentí un fuerte golpe en mi cerebro y tomando mi pluma me senté a reflexionar sobre tanta injusticia social por la que atraviesa la sociedad humana.
En los viajes que en esta vida me ha tocado realizar, primero por haber salido de mi amada tierra y posteriormente por mi trabajo, fui encontrando dramáticamente las diferencias sociales tan extraordinariamente, tan separadas, que este hermoso poema me brinda la oportunidad de decir algo, porque eso sí, hay que decirlo, no se puede callar hay que decirlo gritando.
En esta REFLEXIÔN trataba de explicarme, ¿El porqué de estas diferencias? Yo cuanto más años vivo menos logro entenderlas, no obstante, mi mano comienza a escribir para ver de que manera poder encontrar una explicación a estas diferencias sociales de esta humanidad tan compleja y a veces insensible para darse cuenta.
Los Gobiernos inmersos en sus ambiciones de poder que todo lo vuelven político, se olvidan de los compromisos, promesas y responsabilidades para los países que representan, según ellos demagógicamente dicen, somos luchadores y defensores de las clases marginadas y vamos a terminar con la pobreza, sin embargo, años van, años vienen y la situación de los pueblos, como el abandono al campo y los campesinos, indígenas, trabajadores mal pagados, explotados, que tiene que abandonar sus países por carecer de lo más indispensable (como el agua) sigue siendo la misma actitud.
Quisiera gritar a los cuatro vientos, que se oyera mi grito para despertar del letargo a nuestros compatriotas y que se preguntan ¿Porqué no se convierte en educación y salud los miles y miles de dineros del erario público (de ese dinero que regalamos) para que los políticos sigan cultivando la soberbia y que parte de ellos los convierten en una vacía publicidad, que al fin y acabo terminan en el basurero, porque yo creo que hasta son materiales no reciclables y envenenan la tierra?
¿Por qué no dejan de colgar esos monigotes, que muchos de ellos, sus caras y sus miradas, no infunden confianza? ¿Por qué siguen pintando bardas como si fueran pintas, regalan camisetas y gorras con emblemas y mensajes absurdos y conviertan ese gasto inútil, en reparación de las aulas, mesas y sillas de las escuelas en los pueblos marginados, en la reparación de caminos intransitables para que los niños caminen seguros a sus aulas de enseñanza? ¿Por qué el dinero pagado, a esos hombres a los cuales los autonombran, guaruras, defensores de la seguridad de los políticos, ¿Cuál seguridad? ¿A quién tienen miedo?, las personas que vivimos en PAZ, no necesitamos que nos cuiden y todo ese dinero no lo emplean en más y mejor atención a la salud, más médicos competentes con verdaderos sentimientos de salvar vidas y maestros con verdadera vocación para la enseñanza, dejando a un lado el enriquecimiento para que enseñen la mejor manera de ver a México con el verdadero sentimiento del progreso?
Les grito a esos políticos que con su verborrea, que solamente ellos entienden, que buscan insensiblemente sus intereses personales, su ambición de poder y que no quieren ver, que este pueblo noble que los sigue como los borreguitos siguen al cencerro del borrego mayor, que aceptan después el olvido, la marginación, la falta de trabajo, la injusticia social que se ha adueñado del país, teniendo que soportar y callar, sin poder protestar porque los hemos puesto donde ellos querían.
Como callar el enojo y la impotencia de los ancianos, que hemos dado nuestro esfuerzo durante tantos años, para llegar al último tramo en la escalera de nuestra vida, con pensiones de miseria, del olvido, del dolor, mientras los gobiernos, sean cual fuere, con ese desprecio demagógico e insultante, ven como cada año aumenta el número de mexicanos, en una desigualdad que ofende, por que haya más desempleo, más explotación, aumente el éxodo hacia la tierra prometida dejando sus vidas en el intento, a sus madres, esposas e hijos en el abandono de la pobreza, mientras otros se enriquecen con esta situación y se enorgullecen de que el dinero que esos esclavos remiten a sus familias, por su esfuerzo en el trabajo, sea la segunda fuerza de divisas del país y que no ponen (además) en práctica de emplearlo en el mejoramiento de los pueblos, campos de trabajo, regadío, mejoría de granos, mejoramiento de las tierras y del ganado. Yo pregunto gritando ¿Dónde está ese dinero? ¿en que lo emplean?, mientras esto sucede miles y miles de conciudadanos se hunden en la desesperanza y la desesperación, los niños aumentan día a día, vagando por las calles pidiendo limosnas, limpiando parabrisa de los automóviles, vendiendo ambulantemente sus productos, siendo explotados sexualmente por personas sin entrañas, sin principios, sin nada que se pueda pronunciar. Ya me he quedado afónico de tanto gritar, pero hay otra pregunta ¿y la justicia divina donde está? ¿Dónde están esos pastores del señor (como se hacen llamar y respetar), donde están? Porque ellos no solamente tienen obligaciones de salvar sus almas, también tienen obligaciones para salvar sus cuerpos, buscando las mejores formas apoyando sus niveles socio-cultural y sigo gritando ¿Dónde estamos, a donde vamos, a donde nos dirigimos?¿Hay alguien que me pueda contestar a estas y otras más preguntas que no enumero, no lo sé, pero como dice la Sra. Hervis, si Cristo me escucha, yo creo que comenzará a llorar.
Pero yo digo de esta forma. ¿CRISTO ME ESCUCHAS? ¿ME ESCUCHAS CRISTO?, SI ME ESCUCHAS NO LLORES, ACTÙA COMO LO HICISTE EN EL TEMPLO A LOS MERCADERES CUANDO FUISTE HOMBRE.
Que seáis muy felices ahora y siempre. Monxu.
Puebla a 11 de Septiembre del 2006