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  Ante la conciencia de culpa


Hace unos días acudí a una conferencia donde traban los problemas que la metafísica ponía a descubierto, el poder de la mente sobre las actitudes que los humanos teníamos y en esta conferencia hablaron sobre una flagelación que padecemos cuando cometemos algo que no deberíamos cometer y nos sentimos con esa angustia del (mea culpa).
Decían, que entre los flagelos  íntimos que hacen al ser humano y le provocan aflicciones terribles es la conciencia de culpa que ocupa un lugar predominante y destacado en nuestra mente.

Esto como una lógica se instala insidiosamente como si fuera un ácido que corrompe y destruye los engranajes  de las emociones y facilita los conflictos enloquecedores, como consecuencia de esto, la inseguridad psicológica en el juicio que se abre en las acciones propias la culpa, abre en nuestra mente un abismo de culpa, entre lo que se hizo y lo que se debería haber hecho, sometiendo a un suplicio, a la persona o personas en una pertinaz persecución.

Si consideramos  nuestra propia fragilidad mental, las personas que sufren de este dijéramos mal, se permiten comportamientos incorrectos que satisfacen sus sensaciones para entregarse, - tan pronto como éstas sensaciones se cerraron – al auto arrepentimiento con el cual pretenden corregir su insensatez y de inmediato aparece La conciencia de culpa que le va a producir el estado de perturbación. Cuando esto llegue a ocurrir con la perversidad que la mente  castiga al culpable ante él mismo, aunque sin alterar el rumbo de la acción desencadenada ni corregir a quien hiere, por el contrario, aunque es una colaboradora inclemente, desarrolla mecanismos inconscientes de nuevos deseos de repetidas prácticas, siempre serán las más rigurosas penalidades.
Los atavismos religiosos, morales y sociales hipócritas, que no dudan de acompañar una cierta recomendación con una acción diferente, la culpa debe ser eliminada con rigor e inmediatamente.
No podemos impedir o evitar lo que ya se hizo, porque una vez disparado el dardo de la acción negativa sigue su rumbo, para ello debemos evaluar sus efectos y repararlos cuando estos sean negativos y nuestra acción fue reprobable, corrijámosla en cuanto podamos mediante nuevas actitudes constructivas. Si nuestras actitudes derivaron un conflicto personal, que no corresponde a lo que creemos que somos, entrenemos en nuestro equilibrio emocional y pongámonos a vigilarlo.

Decía el congresista. Débil es todo aquel que así se considera y que no realizará el esfuerzo de fortalecerse. Cuando el humano justifica el error con la flagelación reparadora, pronto habrá retornado a el.
 Esta reflexión nos lleva a que debemos erradicar de nuestra mente las ideas que consideremos inadecuadas, perjudiciales y conflictivas. Sustituyámoslas vigorosamente por otras saludables, equilibradas y dignificantes. Cuando no disponemos del acervo de pensamientos superiores para la reflexión, seremos los atrapados por los de carácter venales, pueriles y perniciosos, que nos harán familiares y nos impulsarán a la acción correspondiente.

Por último podemos decir que cada una de la acciones que tenemos se inician el la mente, ésta está diseñada en un plano metal que se materializa en la primera oportunidad, por lo tanto, procuremos pensar con corrección y así nos liberaremos de las ideas malsanas que nos generarán conciencias de culpa. Siempre que cometamos un error, volvamos a empezar con el entusiasmo inicial, LA   ARMONÍA,  LA  DIGNIDAD Y EL EQUILIBRIO ENTRE CONCIENCIA Y CONDUCTA, TIENEN UN PRECIO: La perseverancia en el deber cumplido, no obstante, si tuviéramos dificultades para actuar correctamente, porque la actitud viciosa se encuentra dentro de nosotros mismos. VOLVAMOS A  LA PAZ  INTERNA.  

Que seáis ahora y siempre muy felices Monxu.

 
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