“El hombre de nuestro tiempo anda cabizbajo, desmoralizado, duda y rechinaría, pero no se atreve y se pregunta. ¡Para qué, si el universo se baña unánimemente en las delicias de la cloaca? Teme y se rinde…
Cuando leí este párrafo me entró unas gana de escribir algo que me empujó y aunque hay cierta razón en este pequeño escrito yo voy a reflexionar y plantear lo que siento.
Precisamente en estos tiempos que nos toca vivir, aparecen en todos los medios de comunicación y en las declaraciones de los hombres que manejan la sociedad humana de esta llamada Tierra, las siguientes palabras como son: los Derechos Humanos y la Corrupción.
Sin meterme a tanta palabrería y demagogia internacional, Los derechos humanos, Ley firmada por todos los países integrantes de las Naciones Unidas, significan o se entiende que es La Obligación de Respetar, Proteger, y Realizar, los derechos de toda la humanidad sin distinción de razas o credos. Esto por desgracia para los humanos es una desgracia canallesca porque no es verdad, no se hace nada y no hay derechos humanos en ninguna parte, las desigualdades son algo infrahumana.
La Corrupción, se entiende que es un acto ilegal y vergonzoso que ocurre cuando una persona, sea quien sea, abusa de su poder o situación dentro de la sociedad a que pertenece, para obtener algún beneficio para si mismo o sus allegados, para esto se requiere de la participación de dos personas; Uno que ofrece algo valioso y otro que está dispuesto a obtener mediante el soborno. En mi concepto estos dos sinvergüenzas son completamente corruptos, porque rompen el tejido social disminuyendo la confianza ciudadana, las instituciones gubernamentales, la justicia y entre estos mismos que la componen.
Efectivamente hay algo de razón en el contexto de que el hombre en la actualidad anda cabizbajo, desmoralizado y desorientado. Todo esto se confabula para convencerlo, no solo que está perdido, ademán que merece su perdición. Al hombre le aturde todo este cúmulo horrible de falsedades y bajezas sembradas al voleo, cree él, que nadie puede pasar por discreto sin entonar canciones optimistas, porque los augurios son tenebrosos y aunque más fáciles, son más jaleados y paralizadores.
“La industria del pensamiento” (muy distinta al pensamiento original, que es el verdadero), Es el negocio del cliché corrosivo a sueldo del odio que vuelca su corrosión sobre cualquier florecer soleado. Hace de un héroe un canalla, una trampa de la institución y un hipócrita del caballero, se arrasan los modos civiles de la calidad que son los de la educación adquirida a fuerza de siglos, en nombre de una fuerza vergonzosa y salvaje.
Se rompen los sentimientos que embellecen el amor humano, se violan las intimidades en nombre de la libertad y la llamada democracia, se esclaviza el gusto a la grosería de los pocos que quieren revolcarse en público, se convierte la honradez en mito, el bandolerismo en cruzada, al déspota en brisa liberadora y por supuesto se cierran las puertas al entusiasmo, a la esperanza y a la auténtica comprensión.
Yo diría lo siguiente: El hombre de estos momentos que se están viviendo anda desmoralizado y cabizbajo, quisiera él y cree en el hombre, en su prójimo y lo más importante en si mismo. Este hombre piensa que en los momentos que estamos viviendo, aunque muchas cosas censurables, es digno de nuestra gratitud, de nuestra admiración y confianza.
Quiero decir que, en lo general, los hombres respiran a fondo, ayudan a sus semejantes y hacen lo que pueden, pero no lo dejan, le dicen que la regla es la indecencia, en embuste, el engaño, en el timo. Altavoces sonoros y susurros le dicen y aseguran que él es el único, un ejemplar anacrónico como el dinosaurio y tan muerto como los esqueletos antidiluvianos del museo, y entrega el arte, los modos de vida, los criterios y pronósticos a la barbarie, a esa barbarie organizada y sectaria impuesta a todos en nombre de la tolerancia, una barbarie que no permite otra liberación que la servidumbre general, ni otro proyecto que el desguace.
Y aquí llega una reflexión para decir, es necesario tener entusiasmos que encorajinen las conciencias y la ponga en pié, hacen falta tónicos para los corazones abatidos y puntales que afirmen los criterios, hacen falta buenas noticias, y las hay, las hay a raudales, a miles y para esto yo quisiera exponer cinco, solo cinco, por lo que pudieran valer:
La primera, que ninguna catástrofe ni terremoto alguno mandado por la Naturaleza o por medio de las naciones es más grande ni más decisivo que el corazón generoso de un solo hombre con la fe en el prójimo. Hombres así hay millones, levantemos la vista del suelo, no estamos solos, formemos parte de una multitud sana que cubre la madre Tierra, que tiene aires valerosos y sublimes.
La segunda, es la obligación que tenemos bien cumplida y con la conciencia en PAZ, esto convierte a los hombres en una fortaleza contra ellos,
La tercera, que todos los hombres que creen en si mismo se remontan contra viento y marea, igual que los cometas.
La cuarta, que la naturaleza humana es inviolable, ella fue la que buscó en lo siglos de los siglos, el camino de la belleza, de la victoria del bien sobre el mal y el lenguaje para entenderse. Ella quiso ponerse en pié y adornar los instintos con fórmulas exclusivamente humanas, para llegar a esto hubo caídas y extravíos, con derrotas y fracasos, pero se ha logrado mucho, porque la naturaleza humana tiende a subir como aire cálido que se remonta sobre el aire frío para llegar a las nubes, ¡No hay quien lo pare! Aunque haya corazones chiquitos, que por suerte son los menos, nosotros lo tenemos grade, porque aquellos que desde un pico alto hagan mucho ruido como los envidiosos enfermos de poder y corrupción, nosotros seguiremos respirando en las llanuras fértiles, con las muchedumbres saludables de seres como vosotros, entonces el mundo podrá marchar en colosal romería de gente honrada. Son esas legiones de amores puros, las felicidades irrompibles, las amistades altruistas que en las ciudades llenan de vidas humanas y nos ensordecerían el tropel de verdades sin mentiras que la humanidad dice cada segundo lealmente.
Y esta es la quinta buena, que trata de que las malas son una excepción, por eso se venden como curiosidad, no son ejemplares ni indicativas, sino, avisos para que nosotros no bajemos la guardia, tengámosla bien alta, porque ellos, los pocos que aturden al mundo con espavientos llamativos, pedantearías demagógicas y disolventes, quienes deberían andar desorientados, cabizbajos y desorientados.
De cuando en cuando ellos conocerán el sabor de la victoria, la fama y la riqueza, pero nunca conocerán la PAZ interna e imperturbable de la generosidad, la libertad ni el premio repetido de la generosidad humana.